martes 30 de noviembre de 2021 - Edición Nº1091

Entretenimiento | 24 nov 2021

Música

El freestyle le dio el toque a las finales de los Juegos Bonaerenses

Al calor de una Mar del Plata que recibió diez mil pibes y pibas de toda la provincia, las competencias de freestyle superaron las expectativas y demostraron por qué se afianzan cada vez más en los ámbitos juveniles.


Te guste o no te guste somos el nuevo rock and roll, niño, disparó el rapero Trueno el año pasado, en una línea que hasta hoy sostiene una estela difícil de disipar en la contienda cultural. Si en efecto la sentencia del talentoso argentino tiene asidero en la realidad, o si tiene sentido pensarlo en esos términos, será una cuestión que el tiempo se encargará de refrendar. 

Lo que sí es insoslayable es el terreno que ganó y sigue ganando el universo del hip-hop, tanto en nuestro país como en toda la región. Y qué mayor referencia para dar cuenta del fenómeno que los Juegos Bonaerenses, evento en el que conviven las más diversas disciplinas y participantes provenientes de todos los distritos de la Provincia.

Durante la primera semana de noviembre, Mar del Plata fue anfitriona de sus finales. Envalentonados por clasificaciones previas, y con todo el vigor de una juventud que retoma sus actividades después de ver cómo la pandemia postergaba una gran porción de sus años de oro, pibes y pibas que integraban cada una de las delegaciones desembarcaron en la ciudad balnearia con un único propósito: darle cauce a sus pasiones y volver a pasarla bien en comunidad.

En este sentido, la competencia que más convocó y la que, de alguna manera, signó la tónica del evento, fue la del freestyle. No hubo batalla que no contara con marco repleto. Al ritmo de las improvisaciones y los skills más audaces, miles de personas se acercaron al playón de la famosa rambla para ser parte de la fiesta.

Si bien el freestyle se caracteriza por estar hecho de narrativas variopintas y anárquicas, por una esencia más relacionada a la repentización que al método, las temáticas de las competencias tuvieron un claro eje central, que fue el de abordar siempre que se pudiera nociones ligadas al sentido de pertenencia con el municipio. Lejos de obturar la línea de los competidores, la premisa pareció calzar perfecto, y a partir de ella nacieron barras que hasta hicieron lagrimear a más de uno.

Quien tuvo una de las mejores actuaciones fue Julián Sánchez Colli, representante de Avellaneda que se terminó robando ovaciones de propios y ajenos. Una vez finalizada su participación, expresó que “para nosotros, el freestyle es una forma de encuentro, es cultura, es arte, es un medio de expresión que hoy en día se genera en cada plaza y cada barrio, y en donde los jóvenes nos autoconvocamos, nadie tiene que pedir que vayamos”.

A la hora de referirse a los Juegos Bonaerenses, “El Pala”, como le dicen sus amigos y amigas, destacó que “estuvo buenísimo que se haya agregado el freestyle, porque si bien creo que es cultura y no estrictamente un deporte, ya que las reglas son más abstractas, es muy lindo que nos sigan abriendo puertas a los pibes de la cultura del hip-hop”. Y agregó: “Lo que está buenísimo es que no solo nos representamos a nosotros mismos, sino también a nuestros municipios, y eso fue algo que a todos los que participamos nos pegó bastante bien, teníamos ganas de dar todo por la gente que representábamos”.

Para cerrar, el joven rapero subrayó que “más allá de haber sido una disciplina más, lo que terminamos brindando fue un show, un espectáculo para todos los deportistas que quizás habían ido llenos de presión. Creo que les sirvió como una forma de distracción y entretenimiento”.

No resulta llamativo que el hip-hop vea su apogeo en una actualidad. El carácter confrontativo de sus letras y la intransigencia de sus intérpretes encuentran en las nuevas generaciones, tan apremiadas por la escasez de oportunidades, un terreno de lo más fértil. Quizás esa sí sea una victoria por sobre el rock: haberse consagrado como la voz que porta el grito de la disconformidad y la transformación.

Por último, quien también compartió sus sensaciones a partir de las finales de los Juegos fue Leila Suárez Godoy. Encargada de la organización, en primera instancia dijo estar “muy contenta porque superó todo tipo de expectativas”, y que “ver y vivir algo así desde el escenario fue muy piola y especial, sobre todo sabiendo que viene de la mano del Estado, de la gente de Juventud y Deportes del Ministerio de Desarrollo”. A su vez, remarcó estar “muy agradecida por la predisposición de todos los que colaboraron; nos pusieron escenario en la costa, shows, artistas reconocidos, todo para que tanto los participantes como nosotros nos sintiéramos cómodos”.

Que el freestyle pasó a ser un integrante más de la cotidianidad juvenil ya es un hecho, solo resta esperar que, como sucedió en esta edición de los Juegos Bonaerenses, se siga teniendo la voluntad política para darle un curso que propicie espacios de libre expresión y entrega y compromiso con el arte.

*Branco Troiano es periodista y escritor

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