La diplomacia de los tuits y los abrazos eufóricos se ahogó en el Atlántico. Javier Milei transcurrió las horas posteriores a la reelección de Luiz Inácio Lula da Silva sumido en un silencio total, convirtiéndose en el único mandatario sudamericano —junto a Delcy Rodríguez— en no enviar una sola felicitación al brasileño.
En la Casa Rosada el pánico a desalinearse de Mar-a-Lago paralizó la cancillería. Tras haber celebrado de forma anticipada el resultado de la primera vuelta e insinuar que la marea azul pintaría el continente, el Gobierno condicionó cualquier pronunciamiento a la postura que adoptara el presidente estadounidense.
Pero desde la pista de despegue hacia Mississippi, Donald Trump prefirió lavarse las manos de forma magistral.
Q: Do you want to do something about the election in Brazil? Trump: I'm not running Brazil. I'm running the U.S. I like Lula. I get along with him very well, but the extension given was very strange. https://t.co/Sl1HUjiWde
— Clash Report (@clashreport) October 26, 2026
Aunque arrojó sospechas al calificar la contienda de "manipulada", el republicano sentenció un "yo no gobierno Brasil" y admitió llevarse bien con Lula, dejando al libertario pedaleando en el aire.
El aislamiento geopolítico del oficialismo contrasta incluso con el alineamiento de sus propios aliados locales. Mientras Mauricio Macri y los referentes de la región ya enviaron sus saludos formales, la comitiva argentina se quedó sin libreto, acorralada entre la capitulación diplomática y el capricho ideológico.