La presión de las instancias decisivas volvió a poner a prueba el margen de maniobra deportivo e institucional en Brandsen 805. Boca cayó por 1-0 frente a Vasco Da Gama en la semifinal de ida de la Copa Sudamericana, interrumpiendo un invicto de 17 partidos y dejando expuestas las grietas de su armado en un momento crítico de la temporada. El resultado altera el mapa de compromisos internacionales del club y traslada la urgencia a territorio brasileño.
El planteo inicial de Rodolfo Arruabarrena naufragó rápidamente ante un rival que aprovechó su primera opción clara para ponerse en ventaja a los 24 minutos por medio de Adson. Sin la presencia de Leandro Paredes en la gestación y con un esquema desarticulado, la apuesta por Enner Valencia en el ataque no rindió los frutos esperados ante la desconexión del mediocampo. La falta de variantes colectivas condicionó el rendimiento xeneize durante todo el primer tiempo.
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— CONMEBOL Sudamericana (@Sudamericana) October 14, 2026
Ni siquiera la expulsión del colombiano Andrés Gómez en la visita a los 19 minutos del complemento alteró el rumbo del desarrollo. Con un hombre más durante media hora, Boca empujó con más voluntad que claridad, acumulando centros al área que chocaron contra la resistencia defensiva del conjunto carioca o terminaron desviados por el travesaño tras un remate de Santiago Ascacibar. La superioridad numérica no logró traducirse en efectividad dentro de las áreas.
Tras el pitazo final, la atención viró hacia la gestión de la revancha y la definición de la sede por parte de la Conmebol entre el Maracaná y Asunción. Mientras el entrenador Arruabarrena buscó bajar la tensión al declarar que "faltan 90 minutos y somos Boca", la dirigencia deberá reordenar las prioridades del plantel ante el cruce previo con Talleres por el torneo local. La resolución de la serie pondrá a prueba la capacidad de respuesta de la conducción técnica.