A un cuarto de siglo del episodio que conmocionó al planeta y reconfiguró la geopolítica contemporánea, la jornada combina homenajes a las casi tres mil víctimas fatales con el foco puesto en las secuelas médicas que continúan afectando a los socorristas que trabajaron en la Zona Cero.
A 25 años de la tragedia, el impacto del polvo tóxico y los escombros sigue cobrándose vidas entre los miembros del Departamento de Bomberos de Nueva York (FDNY) y los equipos de emergencia médica. De acuerdo con informes recientes de organismos de salud y del propio departamento, 12.161 integrantes del FDNY fueron diagnosticados con al menos una patología vinculada a la exposición a toxinas en el Bajo Manhattan.
Cáncer: Unos 4.257 socorristas sufren afecciones oncológicas, registrándose cerca de un millar de casos con múltiples tipos de tumores.
Salud física y mental: Más de 10.500 miembros certificados registran afecciones físicas permanentes —principalmente respiratorias—, mientras que 4.496 reciben atención por trastornos de salud mental.
Fallecidos posteriores: Se estima que más de 600 integrantes del FDNY han muerto en este cuarto de siglo por enfermedades derivadas de las labores de rescate.
La efeméride encuentra también un espacio de revisión a través de producciones documentales como "Punto de inflexión: 11-S y la Guerra contra el Terrorismo", dirigida por Brian Knappenberger. La obra examina las consecuencias del 11-S en la expansión de las facultades de vigilancia del Estado norteamericano, al tiempo que recoge los testimonios de hijos y familiares de las víctimas que crecieron bajo la sombra del atentado. Asimismo, el documental analiza cómo las nuevas generaciones procesan el suceso en el entorno digital de las redes sociales, un espacio donde proliferan teorías conspirativas, noticias falsas y contenidos desinformativos en torno a la caída del complejo edilicio y el desplome del edificio Seven.