La investigación confirmó que la artista no posee participación accionaria ni control sobre ninguna de las sociedades que perciben los ingresos generados por su música, marca e imagen, concentrando la totalidad del patrimonio en empresas administradas exclusivamente por su padre y representante, Alejandro Stoessel.
El relevamiento encarado por sus nuevos apoderados legales constató que la cantante no disponía de acceso a sus cuentas ni cobraba de manera directa las ganancias correspondientes a sus contratos discográficos. Recién en junio de 2026, la intérprete pudo acceder a una cuenta bancaria a su propio nombre, donde trascendió que registraba apenas 2.000 euros de saldo frente a los más de 43 millones de dólares facturados durante su última gira internacional. Asimismo, el informe determinó que, si bien firmó documentos por confianza familiar, nunca existió un contrato formal donde cediera sus derechos de imagen, por lo que su equipo jurista ya trabaja en el cierre definitivo de dichas sociedades para restituirle el control pleno de su carrera.
El hallazgo derivó en un quiebre definitivo dentro del núcleo familiar, marcando un distanciamiento profundo entre la artista y sus padres. La situación resulta un giro drástico dada la pública devoción que la cantante siempre manifestó hacia su progenitor, reflejada en composiciones como su tema "pa", dedicado tras superar una severa internación de salud. De cara a sus próximos compromisos profesionales, Tini avanza en la reconfiguración total de su esquema de trabajo para asumir la conducción ejecutiva de sus negocios sin intermediaciones.