Aunque la medida no supone la ruptura total de los lazos bilaterales, representa el gesto diplomático de protesta más severo antes de llegar a esa instancia.
En la práctica, la figura del encargado de negocios permite que la diplomacia técnica y cotidiana siga funcionando, pero con limitaciones claras en el plano político:
Atribuciones protocolares: Mientras que un embajador presenta sus cartas credenciales directamente ante el Presidente de la Nación, un encargado de negocios formaliza su acreditación ante el Ministro de Relaciones Exteriores (Canciller).
Atención consular y administrativa: La embajada brasileña en Buenos Aires y los consulados continúan operando con normalidad para trámites, visas, asistencia a ciudadanos y gestiones administrativas de rutina.
Reducción del diálogo político: La ausencia de un embajador limita drásticamente la interlocución directa entre los gabinetes de ambos gobiernos, enfriando las negociaciones bilaterales y los canales de alta política.
La resolución del Palacio del Planalto se da tras el retiro de Julio Bitelli —quien había sido llamado a consultas a Brasilia y finalmente no retornará a Buenos Aires— a raíz de los recientes cruces verbales del presidente Javier Milei hacia Luiz Inácio Lula da Silva.
La figura del encargado de negocios mantendrá la representación en el nivel mínimo institucional hasta que alguno de los dos gobiernos resuelva normalizar el vínculo mediante la designación de un nuevo embajador o el restablecimiento del diálogo político de alto nivel.