Lo que se vivió este domingo en la Ciudad de Buenos Aires fue mucho más que una exhibición; fue un reencuentro esperado por años. A las 12:55, el silencio de Palermo se rompió con el sonido ensordecedor del motor V8 del Lotus E20, y Franco Colapinto se encargó de que cada segundo valiera la pena para los miles de fanáticos que llegaron de todo el país.
“Franco Colapinto”
— Tendencias en Argentina (@porqueTTarg) April 26, 2026
Porque prendió fuego el Alpine durante su exhibición en Argentina pic.twitter.com/YW8frMm90f
Durante más de 20 minutos, el joven de 22 años transformó la Avenida del Libertador en un circuito callejero de primer nivel:
Trompos y potencia: Colapinto no se guardó nada y ejecutó los famosos "donuts", quemando caucho frente a las vallas y haciendo delirar a la tribuna.
Cercanía con la gente: A pesar de la velocidad, el piloto desaceleró varias veces para saludar y, tras bajarse del monoplaza, recorrió el trazado a pie para firmar autógrafos y sacarse fotos.
El factor emocional: Uno de los momentos más tiernos de la jornada fue el encuentro de Franco con su abuela en el paddock, quien fue una de las grandes inspiraciones para que este evento se concretara en suelo argentino.
En contacto con la prensa, Colapinto no ocultó su asombro por la convocatoria: "Ver a tanta gente me puso la piel de pollo. Estar acá, con mi gente, es un sueño que no esperaba cumplir tan pronto", confesó con su habitual carisma.
Además, el piloto de Alpine dejó un mensaje claro para los directivos de la categoría: esta jornada fue la prueba de que Argentina tiene la pasión y la capacidad logística para intentar recuperar una fecha en el calendario oficial de la Fórmula 1.