El relato del consumo en recuperación volvió a chocar contra la frialdad de las planillas empresarias. El Indicador de Consumo de la Cámara Argentina de Comercio reveló una caída interanual del 0,8% en septiembre, confirmando que la reactivación prometida por el equipo económico sigue empantanada en un horizonte de absoluta inercia.
Las familias argentinas hacen malabares con ingresos reales que apenas se mueven medio milímetro. Con un ingreso promedio por hogar estimado en $3.389.000 y una inflación mensual que aceleró al 1,9%, la capacidad de compra de los asalariados apenas alcanzó para mantenerse a flote sin generar ningún tipo de impulso sobre los mostradores.
El financiamiento, histórico combustible de la clase media, sigue mostrando números en rojo. A excepción del crédito hipotecario, la contracción en los saldos de tarjetas de crédito y préstamos personales frena la adquisición de bienes durables y empuja a la baja rubros clave como indumentaria y recreación.
El desplome en la venta de autos lideró la contracción general con una baja del 5,5%. La única excepción del informe fue el rubro de vivienda y servicios públicos, que subió un 5,2% impulsado no por un mayor bienestar, sino por la inevitable factura de la luz que los hogares deben pagar sí o sí para no quedar a oscuras.