De acuerdo con informes presentados por la Fundación Pro Tejer y la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), los productos importados ya explican cerca del 70% del mercado nacional —un espacio que históricamente se repartía en partes iguales con la fabricación local—, impulsados por la apertura comercial, la desregulación y la apreciación del tipo de cambio real.
Si bien el volumen total de importaciones textiles cayó un 20% en cantidades durante el primer semestre del año, la contracción se concentró exclusivamente en los primeros eslabones productivos (materias primas -33%, hilados -43% y tejidos -52%), evidenciando el freno en las fábricas locales. Por el contrario, el ingreso de productos terminados registró récords históricos: la importación de indumentaria creció un 62% en toneladas (36% en dólares) y las confecciones para el hogar aumentaron un 26% en volumen.
Esta distorsión impactó de lleno en el entramado formal, registrando una caída de la producción textil del 24,4% respecto al mismo período de 2025 y un acumulado del 34% en comparación con 2023. Actualmente, el uso de la capacidad instalada se ubica en un exiguo 39%, lo que implica que seis de cada diez máquinas permanecen paralizadas en los establecimientos fabriles.
Desde FITA aclararon que el sector textil no se opone a la apertura comercial ni a competir en el mercado internacional, pero advirtieron sobre severas irregularidades en el ingreso de mercadería exterior. Según la entidad, más del 70% de los productos importados ingresa bajo esquemas de subfacturación, registrando valores declarados significativamente inferiores a los costos reales, en muchos casos sin llegar a cubrir el precio de la materia prima principal. A esto se suma la proliferación de plataformas de comercio electrónico directo como Shein y Temu, que comercializan indumentaria sin pagar aranceles ni tributos locales, mientras la producción nacional continúa afrontando una elevada presión impositiva, altos costos logísticos y falta de financiamiento.