En una movida cargada de mística, folclore y un toque de cábala bien nuestra, la emblemática Pizzería Banchero anunció que suspende temporalmente la venta de la tradicional "sopa inglesa" hasta que termine el trascendental partido de la Scaloneta.
La iniciativa, que comenzó como un guiño simpático en el local creador de la fugazza con queso, no tardó en volverse un fenómeno viral en las redes sociales y ya sumó adeptos de peso en la gastronomía porteña, como la pizzería La Americana (la reina de las empanadas) y varias confiterías clásicas.
El contundente cartel pegado en las vidrieras de Banchero no deja lugar a dudas. Los clientes que busquen endulzar el almuerzo o la cena con este clásico postre de bizcochuelo húmedo, crema pastelera y merengue tendrán que esperar:
La medida: El postre —cuya generosa porción familiar para compartir cotiza actualmente en $13.000— fue retirado por completo de las heladeras exhibidoras y de las cartas.
El plazo: Solo volverá a comercializarse una vez que se consume el cruce mundialista del próximo jueves frente al elenco dirigido por Thomas Tuchel.
La tendencia: La semana pasada, en la previa del cruce ante Suiza por los cuartos de final, el blanco de las bromas y los "boicots" gastronómicos amigables en las redes sociales había sido el chocolate suizo. Ahora, la mira se trasladó al postre de origen británico.
Aunque hoy se vive con un tono sumamente divertido, ingenioso y de pura cábala futbolera, esta particular huelga de repostería tiene raíces históricas en nuestro país vinculadas a momentos de enorme sensibilidad nacional.
Durante el desarrollo de la Guerra de Malvinas en 1982, decenas de panaderías, confiterías y pizzerías de barrio de todo el territorio nacional decidieron, de manera unánime, suspender la venta de la sopa inglesa o cambiarle directamente el nombre en los carteles de precios (rebautizándola como "sopa argentina" o "postre nacional") como una forma de manifestar su ferviente fervor patriótico y rechazo al conflicto bélico.
Hoy, cuarenta y cuatro años después, los mostradores vuelven a unirse bajo la misma consigna, pero con el único objetivo de empujar con humor y energía positiva a los once jugadores que saldrán a la cancha a defender la camiseta.