Los niveles de ocupación hotelera y gastronómica estuvieron muy lejos de las expectativas tradicionales para este tipo de recesos, registrando marcas mínimas históricas que exponen la profundidad de la recesión económica.
En los principales destinos de la provincia de Buenos Aires las cifras apenas rozaron el 30% de ocupación, mientras que en la mayoría de las localidades costeras el movimiento fue esporádico y con presupuestos sumamente gasoleros.
El desmoronamiento del consumo y la falta de incentivos para viajar se hicieron sentir con fuerza en todo el frente costero bonaerense:
Mar del Plata: La principal ciudad balnearia de la provincia apenas registró un 30% de ocupación hotelera, de acuerdo con las estimaciones de la Asociación Empresaria Hotelera Gastronómica (AEHG). El impacto también se sintió en la actividad comercial céntrica; según la Unión del Comercio, la Industria y la Producción (UCIP), las ventas minoristas en la ciudad venían de registrar una caída interanual del 5,7% en junio.
Resto de la Costa: En el promedio de los balnearios de la región, los niveles de ocupación se hundieron por debajo del 25%, mostrando calles vacías y persianas bajas en gran parte de la infraestructura que suele abrir para estas fechas.
Hasta el momento, el Ente Municipal o las autoridades locales de Necochea no han difundido un balance estadístico oficial con el porcentaje exacto de plazas ocupadas. Sin embargo, fuentes vinculadas de manera directa al sector hotelero y gastronómico local describieron un panorama lineal con el de la región: un movimiento marcadamente reducido y poco gasto en mostrador.
El escenario enciende luces rojas en el distrito, considerando el esfuerzo del sector público y privado por romper la estacionalidad e imponer a Necochea y Quequén como alternativas de escapadas invernales sustentadas en la gastronomía, los paseos por el Parque Miguel Lillo y el creciente atractivo del avistaje de la ballena franca austral.
Los prestadores turísticos coinciden en que se dio una "tormenta perfecta" de factores que desalentaron las minivacaciones:
Caída del poder adquisitivo: La constante retracción de los ingresos familiares licuó la posibilidad de costear traslados y alojamientos por pocos días.
La trampa del clima: Las bajas temperaturas extremas y las persistentes precipitaciones en el territorio bonaerense sepultaron cualquier decisión de viaje de último momento.
El "Efecto Mundial 2026": El avance de la Selección Argentina hacia las instancias finales del certamen hizo que miles de potenciales viajeros prefirieran quedarse en sus hogares para ver los partidos cruciales (como el histórico cruce contra Egipto o la previa ante Inglaterra) en familia y con amigos.
La cercanía del receso escolar: Con las vacaciones de invierno tocando la puerta el próximo lunes 20 de julio, la enorme mayoría de las familias prefirió cuidar los recursos económicos y reservar el presupuesto disponible para el descanso de los chicos.