El Gobierno quedó atrapado en un episodio que no esperaba: el caso Adorni escaló más de lo previsto y abrió una interna que expuso tensiones en la mesa chica. Lo que empezó como un traspié comunicacional terminó en un movimiento más profundo: Karina Milei ya sondea nombres para reemplazarlo y en Balcarce 50 admiten desconcierto.
Según reconstruyen en el oficialismo, la secretaria general comenzó a evaluar alternativas para ordenar la comunicación presidencial. El problema es que ninguna opción termina de cerrar, ni los perfiles “técnicos” ni los más “populares”. En la Rosada lo describen con ironía: “No cierra ni el blanco ni el groncho”. La frase circuló con fuerza y refleja el clima interno.
El episodio también generó ruido político. La oposición aprovechó el momento y llevó el tema al Congreso, donde algunos bloques ya analizan si existen los votos para avanzar en un pedido de remoción. La Tecla reveló que el debate se instaló en comisiones y que varios legisladores consideran que el vocero “comprometió la investidura presidencial”.
En el Gobierno, mientras tanto, intentan bajar la espuma. Sostienen que Adorni seguirá en funciones, pero admiten que la situación “se volvió más grande de lo que debía”. La preocupación real es otra: el impacto en la comunicación del Presidente, un área que Karina Milei controla con celo y que ahora quedó bajo revisión.
El caso dejó expuesto un problema más profundo: la dificultad del oficialismo para estabilizar su mensaje político en medio de tensiones internas y un Congreso que huele sangre cuando percibe debilidad. Adorni, por ahora, sigue. Pero la discusión ya no pasa solo por él, sino por quién controla la palabra del Gobierno.