El Gobierno nacional transita un segundo semestre marcado por metas ambiciosas y un escenario económico restrictivo. Aunque el presidente Javier Milei insiste en que “lo peor ya pasó”, funcionarios de distintas áreas reconocen que la falta de fondos condiciona la gestión y anticipan que episodios como el conflicto en PAMI podrían repetirse.
La principal dificultad es la caída de la recaudación. Según datos oficiales, los ingresos reales se contrajeron un 8% en el primer bimestre, en línea con la baja de la actividad económica. A esto se suma el retroceso del consumo masivo, que en marzo registró una caída interanual del 5,1%, de acuerdo con la consultora Scentia.
En este contexto, el ministro del Interior, Diego Santilli, deberá encarar negociaciones con gobernadores que llegan con demandas crecientes. La caída de la coparticipación presiona a las provincias, que enfrentan reclamos salariales y buscan recursos para evitar conflictos. Algunos mandatarios ya anticiparon que necesitarán asistencia nacional para cerrar paritarias, como el cordobés Martín Llaryora, que apunta a un aumento cercano al 40% para los trabajadores estatales.
Dentro del Gobierno conviven miradas distintas. Mientras el Presidente sostiene un discurso optimista y cuestiona a los medios por “encadenar malas noticias”, funcionarios de segunda línea admiten que no habrá mejoras inmediatas, aunque esperan una estabilización de la caída. En Economía, Luis Caputo mantiene una postura estricta: ante cada pedido presupuestario, repite que “no hay plata”, según describen en su entorno.
La agenda legislativa también quedó condicionada. Tras el informe del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, el oficialismo deberá retomar debates clave como la reforma electoral, el Código Penal y la nueva ley de financiamiento universitario, todos temas que requieren acuerdos con gobernadores y bloques aliados.
En marzo, el Gobierno giró 47 millones de pesos en ATN para contener tensiones, pero la incógnita es si podrá sostener nuevas demandas en un contexto de recursos limitados. Mientras Milei insiste en que “van a llover dólares”, otras áreas del Ejecutivo observan un panorama más complejo, atravesado por la caída de ingresos y la presión política del segundo semestre.