El misterio rodea la muerte del anestesiólogo Alejandro Zalazar en la Ciudad de Buenos Aires, y las últimas novedades judiciales apuntan a un posible encubrimiento o manipulación de la escena del hecho. En las últimas horas, la justicia decidió imputar a Tati Leclercq, quien quedó bajo la lupa de los investigadores por su comportamiento inmediatamente posterior al hallazgo del cuerpo.
Leclercq no es una testigo más en el expediente. Los peritajes determinaron que fue la última persona que mantuvo contacto con Zalazar antes de su deceso. Pero el dato que más ruido hace en la fiscalía es que también fue la primera en arribar a la escena, antes incluso que los servicios de emergencia o la policía.
La imputación se centra en una acusación grave: la manipulación del teléfono celular de la víctima. Los investigadores sospechan que el dispositivo fue intervenido o "limpiado" antes de ser entregado a las autoridades, lo que podría haber borrado mensajes, llamadas o datos cruciales para entender qué pasó en las últimas horas de vida del médico.
La causa no termina en Leclercq. La justicia también puso la mirada sobre Delfina Lanusse. Se investiga si Lanusse se llevó de la escena un iPad perteneciente a Zalazar, un elemento que los peritos consideran fundamental.
¿Qué buscan en los dispositivos?
Últimas comunicaciones: Cruce de llamadas y mensajes encriptados.
Geolocalización: Movimientos de la víctima y de las sospechosas en la franja horaria del deceso.
Información profesional o personal: Datos que pudieran indicar amenazas o conflictos previos.
Actualmente, se están llevando a cabo peritajes tecnológicos de alta complejidad para intentar recuperar información borrada. La Justicia busca determinar si existió un plan para ocultar evidencia y cuál fue el motivo detrás de la presunta desaparición del iPad.
Mientras la conmoción crece en el ámbito médico porteño, la situación procesal de Leclercq y Lanusse podría agravarse si los peritajes confirman que la escena fue "clínicamente" alterada.