Hoy, 31 de marzo, la Argentina celebra el Día Nacional del Agua. Sin embargo, lejos de ser una jornada de festejos vacíos, la fecha se impone como un recordatorio urgente y dramático sobre la fragilidad del recurso más vital para la existencia humana. El contexto global es sombrío: las reservas de agua están sometidas a una presión sin precedentes, y nuestro país no es ajeno a esta amenaza.
Instituido en 1970 por la Resolución Ministerial Nº 1630, este día tiene como objetivo original despertar una "conciencia racional" sobre la importancia, el uso y el aprovechamiento de los recursos hídricos. Medio siglo después, esa "racionalidad" parece brillar por su ausencia frente a un modelo de desarrollo que agota el planeta.
Las cifras son contundentes y aterradoras. Aunque el planeta parece azul desde el espacio, el agua es un recurso renovable pero estrictamente limitado, frágil y vulnerable. Un dato clave que la población suele ignorar es que solo el 3% del agua del mundo es dulce y apta para el consumo humano.
Hoy, ese escaso porcentaje enfrenta un cóctel mortal:
Crecimiento demográfico explosivo.
Evolución de estilos de vida occidentales derrochadores.
Progresos de una industrialización que prioriza la producción sobre la sostenibilidad.
El resultado de esta ecuación es una preocupación alarmante a nivel global. Asistimos impotentes al agotamiento de las capas freáticas (nuestras reservas subterráneas), el desecamiento irreversible de lagos y ríos, y niveles de contaminación y desertificación que avanzan sin freno sobre territorios productivos.
En nuestro país, la gestión del agua es una cuestión de Estado y de supervivencia. La infraestructura hídrica, como las represas, cumple propósitos múltiples que van mucho más allá del esparcimiento.
Su función es vital para:
Proveer agua potable para consumo humano e industrial.
Riego: Transformar en áreas cultivadas regiones que, de otro modo, serían verdaderos desiertos.
Energía: Producir electricidad a través de la energía hidroeléctrica, una fuente renovable clave.
Turismo: Promover el desarrollo local a través del uso recreativo de los embalses.