Hoy la Argentina celebra el natalicio de su máximo prócer. José de San Martín no fue solo un general victorioso; fue el arquitecto de un plan continental que cambió el mapa de América del Sur. Su vida, que comenzó en las misiones jesuíticas y terminó en el exilio francés, es el testimonio de un compromiso inquebrantable con la independencia americana.
Hijo de Juan de San Martín y Gregoria Matorras, se formó militarmente en España, donde combatió a las tropas de Napoleón en la batalla de Bailén. Sin embargo, su destino estaba en su tierra natal. En 1812, tras renunciar al ejército real, regresó a Buenos Aires para volcar su experiencia en la causa criolla.
Creación de los Granaderos: Su primer gran aporte fue la organización de un cuerpo de élite: el Regimiento de Granaderos a Caballo.
Bautismo de fuego: El 3 de febrero de 1813, en San Lorenzo, demostró la eficacia de sus tácticas en territorio americano.
San Martín comprendió que la independencia no estaría segura mientras los realistas controlaran el Perú. Esto lo llevó a ejecutar el Cruce de los Andes en 1817, una de las mayores proezas de la historia militar mundial.
Chile: Tras las victorias en Chacabuco y Maipú, consolidó la libertad chilena.
Perú: Organizó una expedición marítima, liberó Lima en 1821 y fue nombrado Protector del Perú.
El Renunciamiento: Tras la histórica Entrevista de Guayaquil con Simón Bolívar en 1822, decidió retirarse para evitar conflictos de mando, un gesto de desprendimiento personal poco visto en la historia.
Hostigado por las guerras civiles en su país y tras la muerte de su esposa, Remedios de Escalada, San Martín partió al exilio en Europa en 1824 junto a su hija Mercedes. Pasó sus últimos años en Boulogne-sur-Mer, Francia, donde falleció el 17 de agosto de 1850.
Hoy, sus restos descansan en la Catedral de Buenos Aires, pero su verdadera morada está en la identidad de los pueblos que liberó. Su ejemplo de austeridad, disciplina y patriotismo sigue siendo la brújula para las generaciones venideras.