La relación entre Bad Bunny y el público argentino comenzó mucho antes de los estadios repletos y los récords globales. Su primera visita al país, en junio de 2017, marcó el inicio de un vínculo que creció al ritmo de su explosión internacional y que hoy lo encuentra listo para presentarse en tres River Plate completamente agotados.
En aquel entonces, el trap latino recién empezaba a consolidarse en la región y el artista puertorriqueño, con 23 años y sin álbum debut, aterrizó en Buenos Aires para una gira tan intensa como decisiva. En apenas cuatro días realizó 13 shows en distintos puntos de la Ciudad y el conurbano, siguiendo un formato clásico de la movida tropical y el reguetón: presentaciones breves, escenarios simples y un repertorio que se expandía semana a semana.
Uno de los momentos más recordados de esa primera visita fue su show en Pinar de Rocha, en Ramos Mejía, el 16 de junio de 2017. Con la camiseta de la Selección Argentina y acompañado solo por un DJ y un corista, Bad Bunny cantó ante miles de jóvenes que ya coreaban “Me acostumbré”, “Si tu novio te deja sola”, “Soy peor” y “Diles”, temas que circulaban con fuerza en plataformas digitales y anticipaban su ascenso.
La gira incluyó paradas en el Teatro Colonial (Avellaneda), Enigma Club (Quilmes), Black Cream (Palermo), Museum, Jesse James (Isidro Casanova), Kory Megadisco (Pompeya), Puerto Rico Disco (Congreso), Ruta Bacalao (La Plata) y El Bosque, entre otros. Ese recorrido, hoy casi mítico, funcionó como una prueba de fuego: medir convocatoria, afianzar presencia y construir una base sólida de seguidores argentinos.

El contraste con su presente es evidente. Nueve años después, Bad Bunny acumula premios internacionales, récords de reproducciones y un Grammy a disco del año. Su crecimiento lo llevó de los boliches del conurbano al show de medio tiempo del Super Bowl, un salto que se volvió meme y símbolo de su transformación en fenómeno global.
Su regreso en 2018 al Luna Park, donde agotó dos funciones, confirmó que el vínculo con el público local estaba consolidado. Hoy, con tres River agotados, ese primer capítulo argentino adquiere un valor histórico: fue el punto de partida de una relación que acompañó su evolución artística y que sigue siendo una de las más fuertes de la región.