En declaraciones que generaron rechazo transversal, Lemoine afirmó que Ian “finge autismo” y que su comportamiento es “actuado”, una acusación sin sustento médico y considerada aberrante por especialistas y organizaciones de derechos humanos.
“Ian Moche finge tener autismo”
— TUGO News (@TugoNews) February 4, 2026
La trastornada mental de Lilia Lemoine dijo en vivo que un nene con autismo en realidad está ACTUANDO, los libertarios siguen teniendo de enemigo a un nene de 12 años, es impresionante pic.twitter.com/Wtnaie6NFe
El ataque no solo expone a un menor en un conflicto político, sino que además refuerza estigmas históricos contra la comunidad autista. Negar un diagnóstico —coinciden profesionales de la salud mental— constituye una forma de violencia simbólica que desconoce evidencia científica y vulnera derechos básicos.
Frente a la agresión, Ian respondió con una madurez que contrastó con la actitud de la legisladora. Explicó que el autismo no puede fingirse, porque implica características neurológicas verificables, y advirtió que discursos como el de Lemoine dañan a toda la comunidad, especialmente a niños y adolescentes que enfrentan barreras cotidianas. Su mensaje, sereno y pedagógico, fue celebrado por especialistas y familias, que destacaron su claridad y su compromiso con la inclusión.
El episodio ocurre en un contexto especialmente sensible: el gobierno nacional impulsa recortes en programas y prestaciones vinculadas a la discapacidad, lo que genera preocupación en instituciones, profesionales y familias. Entre los puntos más cuestionados se encuentran la reducción de apoyos, demoras en pagos a prestadores y revisiones restrictivas de certificados. En ese marco, que una diputada oficialista desacredite públicamente a un niño autista no es un hecho aislado, sino un mensaje político que puede habilitar retrocesos en materia de derechos.
Organizaciones de discapacidad, colectivos de neurodiversidad y referentes sociales repudiaron las declaraciones de Lemoine y exigieron responsabilidad institucional. Mientras tanto, la figura de Ian se fortaleció: su respuesta, lejos del agravio, volvió a poner en el centro la importancia de la empatía, la evidencia y el respeto.