El caso que mantuvo en vilo a la opinión pública y a la diplomacia regional sumó hoy un capítulo de declaraciones explosivas. Agostina Páez, la abogada de 29 años que fue noticia mundial tras ser filmada haciendo gestos racistas en un bar de Ipanema, volvió a la Argentina y eligió los micrófonos del canal de streaming OLGA para dar su versión de los hechos.
Páez, quien recuperó su libertad tras el pago de una fianza récord de 20.000 dólares (60 salarios mínimos brasileños) y el uso de tobillera electrónica, intentó despegar su conducta de un sentimiento de odio racial, aunque admitió una "ignorancia total" sobre el contexto histórico de Brasil.
Según el relato de la abogada, todo comenzó por una discusión por una cuenta mal liquidada en un bar carioca. Ante el reclamo, asegura que uno de los mozos tuvo un gesto obsceno: "Los vi agarrarse los genitales. No dimensioné lo que estaba haciendo, no fue por su color de piel. Vi a una persona agarrarse los genitales y me salió hacer eso", explicó sobre los movimientos que imitaban a un mono y que quedaron registrados en un video viral.
Pese a su formación académica, Páez afirmó que recién al llegar a la comisaría entendió la gravedad del asunto. "Hice retrospectiva y no lo podía creer, me agarró una crisis. No sabía qué hacer. Después me puse a investigar sobre el contexto del racismo en Brasil" , señaló, asistida legalmente por Carla Junqueira, la reconocida abogada que llevó el caso de Thelma Fardin.
Lo que parecía un cierre para su calvario judicial se transformó en una nueva pesadilla mediática este fin de semana. Su padre, el empresario Mariano Páez, fue filmado en un bar realizando los mismos gestos discriminatorios por los que su hija estuvo presa.
La reacción de Agostina fue de repudio total: "Me quería morir. No puede ser que recién llego y salga mi papá a hacer esto sabiendo lo que me puede complicar. Me dio mucha vergüenza. Muchas veces tiene formas que no comparto para nada" . En un descargo en sus redes, la joven fue tajante: "Yo me hago cargo de lo mío, pero no puedo responsabilizarme por los actos de él".
Para cerrar, Páez dejó una frase que busca abrir el debate en nuestro país: "Los argentinos tenemos el racismo invisibilizado, es algo que existe pero de lo que nunca se habla". Si bien aceptó la sanción de la ley brasileña como justa, denunció haber recibido amenazas de muerte y violación durante su estadía en el país vecino.
Hoy, de regreso en Buenos Aires, la abogada santiagueña busca dar vuelta la página de un episodio que le costó una fortuna, meses de libertad y una mancha imborrable en su carrera profesional.