Por: DataeNe Economía
El precio de los combustibles ha sido uno de los termómetros más sensibles de la economía argentina durante la gestión de Javier Milei. La política de desregulación del sector y el constante sinceramiento de valores impulsaron una escalada ininterrumpida en las estaciones de servicio de todo el país.
Para entender este fenómeno a fondo, desde el equipo de analistas de Data eNe elaboramos un relevamiento estadístico exclusivo que expone con claridad la magnitud de estos incrementos, bajo el concepto que denominamos "La brecha del surtidor".
Al observar la curva de crecimiento porcentual acumulado de nuestro gráfico, que abarca desde el inicio de la gestión libertaria (diciembre de 2023) hasta este mes de marzo de 2026, los datos marcan una tendencia alcista implacable:
La disparada de la nafta: La curva principal de nuestro informe demuestra que el aumento acumulado del precio de los combustibles alcanzó un impactante +167,6% en el período analizado.
La brecha económica: En claro contraste, la curva inferior (que representa el avance de otras variables de referencia de la economía formal) apenas registró un incremento del +33,0% en el mismo lapso de tiempo.
Más allá de los números fríos, la pronunciada línea roja de la gráfica confeccionada ilustra una cruda realidad social. El salto sostenido en los surtidores no solo encarece el acto de usar el auto, sino que actúa como un motor inflacionario directo: cuando la nafta sube, aumentan los costos logísticos, el transporte de cargas y, como inevitable efecto dominó, el precio de los alimentos básicos en las góndolas.
La diferencia abismal que detectamos en el análisis expone el violento deterioro del poder adquisitivo de los argentinos. Mientras el costo de llenar el tanque se disparó un 167,6%, el avance de las otras variables de referencia de la economía formal apenas marcó un tibio 33,0%.
En la práctica, esta enorme brecha consolida una profunda caída en la calidad de vida. Para la clase media y los trabajadores, costear la movilidad diaria para ir a sus empleos consume una porción cada vez más grande de sus ingresos. Este desfasaje obliga a las familias a reestructurar sus presupuestos, recortar gastos en otros rubros esenciales o verse forzados a abandonar el uso del vehículo particular ante la imposibilidad de mantenerlo.