La apertura del período de sesiones ordinarias quedó marcada por el clima de tensión que generó el Presidente con una seguidilla de descalificaciones hacia la oposición, un tono que distintos bloques y referentes calificaron como impropio del ámbito institucional. Durante casi dos horas y cuarenta minutos, el mandatario alternó anuncios ya conocidos con ataques directos a legisladores, en un mensaje que dejó más ruido político que definiciones concretas.
El discurso avanzó sin referencias a la caída de la actividad económica y con un marcado alineamiento con Estados Unidos, mientras en el recinto se hacían visibles las internas dentro de La Libertad Avanza. La promesa de “nueve meses ininterrumpidos de reformas estructurales” llegó sin precisiones, pese a que el Presidente aseguró que cada ministerio ya preparó diez paquetes legislativos.
El área de Justicia concentró la mayor cantidad de anuncios: endurecimiento de penas, reformas de los códigos Penal, Civil y Comercial, y un paquete de leyes orientado —según el Ejecutivo— a “proteger derechos fundamentales”. También adelantó cambios en Defensa, coordinación entre fuerzas de seguridad e inteligencia, y una reforma del sistema electoral.
Pero lo que más impacto generó fueron los cruces con la oposición. Desde los primeros minutos, el Presidente lanzó frases que provocaron rechazo en los bloques de Unión por la Patria y el Frente de Izquierda, que denunciaron una “metralleta de insultos” y un nivel de hostilidad inédito en una ceremonia institucional. Hubo calificativos, burlas y expresiones celebradas por la tribuna oficialista, mientras parte del centro político permanecía en silencio o abandonaba el recinto.
La escena se completó con carteles de protesta, gestos de desaprobación y la ausencia parcial del peronismo, que ya había anticipado que no asistiría en pleno. Gobernadores y legisladores de distintos espacios evitaron aplaudir los pasajes más confrontativos, y algunas senadoras se retiraron en medio del discurso.
El cierre de la jornada incluyó una recepción en Olivos, mientras en el Congreso persistía la preocupación por el tono elegido por el Presidente y por la falta de detalles sobre las reformas anunciadas.