domingo 01 de marzo de 2026 - Edición Nº2643

Nacionales | 1 mar 2026

Guerra Medio Oriente

El peligro de jugar a la guerra: Argentina se asoma al abismo en un conflicto ajeno

Por una decisión ideológica, el Gobierno de Javier Milei ha decidido abandonar la neutralidad histórica frente a la crisis en Medio Oriente. En un país sin presupuesto militar, con inteligencia desmantelada y una economía al límite, la alineación automática con EE.UU. e Israel nos pone en la línea de fuego de una guerra que no podemos pelear.


Por: DataeNe Mundo

Mientras el mundo observa con horror cómo el bombardeo sobre Irán abre las puertas de una conflagración global, la Argentina ha decidido, por voluntad de su Poder Ejecutivo, dejar de ser un espectador para convertirse en un actor secundario que habla mucho. 

La ilusión de la potencia: sin armas ni táctica

El respaldo irrestricto de la Casa Rosada a la operación "Furia Épica" de Trump y Netanyahu expone una peligrosa desconexión con la realidad material del país. Argentina hoy carece de:

  • Capacidad militar: Con una Fuerza Aérea diezmada y un Ejército con presupuestos de subsistencia, el país no tiene ninguna capacidad de defensa real ante un conflicto de escala internacional.

  • Inteligencia estratégica: Tras años de idas y vueltas, los servicios de inteligencia locales están lejos de poder neutralizar de manera autónoma las amenazas que una alineación de este tipo conlleva.

  • Peso político: En el tablero de las grandes potencias, Argentina es un aliado de "baja intensidad" que ofrece retórica pero recibe poco a cambio en términos de seguridad nacional.

Fronteras vulnerables y una memoria dolorosa

La decisión de tomar partido de forma tan explícita ignora las cicatrices más profundas de nuestra historia. Argentina ya fue blanco del terrorismo internacional en la década del 90, precisamente por giros geopolíticos similares. Hoy, con una Triple Frontera que sigue siendo un colador y una infraestructura de seguridad obsoleta, el país se expone a represalias que Teherán ya ha prometido ejecutar de manera "proporcionada y sin vacilaciones".

El Gobierno parece creer que la alineación ideológica nos protege, cuando en realidad nos señala en el mapa. Estamos asumiendo los riesgos de una potencia mundial sin tener el escudo de una.

El costo económico de la audacia

Mientras el Gobierno celebra su cercanía con Washington, la economía local —que ya camina por la cornisa— enfrenta un nuevo enemigo. El precio del combustible se disparará por el conflicto en el Golfo, y cualquier evento de inseguridad interna podría terminar de hundir las ya escasas inversiones extranjeras.

En lugar de proteger los intereses nacionales mediante la prudencia y la diplomacia multilateral, Argentina se ha subido a un tren de guerra que no conduce. No somos mediadores, no somos potencias, somos un país en crisis que acaba de comprar un problema que no sabe ni puede resolver.

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