jueves 19 de febrero de 2026 - Edición Nº2633

Tendencias | 19 feb 2026

Google | Privacidad

¿Google realmente nos escucha? Una pregunta que sigue abierta

Una investigación, una demanda millonaria y un patrón inquietante: ¿hasta dónde llegan las “escuchas accidentales” de Google Assistant?


La sospecha que parecía exagerada terminó siendo cierta: Google sí escuchó conversaciones privadas sin autorización. La pregunta es si lo sigue haciendo hoy.

Todo estalló en 2019, cuando el medio belga VRT News reveló que contratistas de Google escuchaban audios captados por Google Assistant, incluso aquellos que nunca debieron grabarse. No eran activaciones voluntarias: eran fragmentos de vida cotidiana registrados sin que nadie dijera “OK Google”.

Pocos días después, usuarios en Estados Unidos iniciaron una demanda colectiva. La acusación era directa: los dispositivos con Google Assistant grababan conversaciones privadas sin permiso, activándose por error mediante lo que técnicamente se llama false accept —cuando el sistema cree escuchar la palabra clave aunque nadie la dijo.

Los equipos involucrados incluyen toda la línea Pixel, Google Home, Nest, Pixel Buds, Pixelbook y prácticamente cualquier teléfono Android con Assistant preinstalado. Es decir: millones de dispositivos distribuidos en cocinas, livings y dormitorios. Lugares donde, según estudios de Voicebot.ai y Statista, los parlantes inteligentes pasan más tiempo… y donde más conversaciones íntimas pueden captar.

El mecanismo es simple y problemático: para responder cuando lo llamás, el asistente escucha todo el tiempo. Y cuando interpreta mal un sonido, empieza a grabar. Lo grave es lo que reveló VRT: esas grabaciones eran enviadas a Google y luego escuchadas por personas reales, bajo el argumento de “mejorar el reconocimiento de voz”. En la práctica, desconocidos oían discusiones familiares, consultas médicas, charlas con hijos o confesiones privadas.

El escándalo fue global y Google prometió cambios. Pero la demanda avanzó. Tras años de litigio, en 2026 la empresa decidió cerrar el caso con un acuerdo de 68 millones de dólares, sin admitir culpa pero aceptando compensar a los usuarios. Un gesto que, sin decirlo, reconoce que algo estuvo muy mal.

No es un caso aislado. Apple pagó 95 millones por prácticas similares con Siri, y Amazon enfrenta procesos por Alexa. Pero el caso de Google es el más emblemático porque expone un patrón: dispositivos diseñados para estar siempre escuchando, que a veces graban cuando no deberían.

La pregunta que queda flotando es la más incómoda: si esto pasó en Estados Unidos, donde hubo juicio y compensación, ¿qué pasa en Argentina? Los mismos dispositivos se venden acá. El mismo software funciona en nuestras casas. Las mismas grabaciones viajan a los mismos servidores.

Mientras tanto, la regulación local sobre IA sigue dormida. Y los parlantes, teléfonos y auriculares siguen ahí, en los espacios más íntimos del hogar. ¿Google nos escucha? La respuesta oficial es “no”. La realidad, al menos la documentada, sugiere otra cosa.

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