Por: DataeNe
El relato del "ajuste exitoso" que intenta sostener el Gobierno choca de frente contra una realidad inocultable. Lejos de la euforia de la Casa Rosada, el país atraviesa una tormenta perfecta: profunda asfixia en la calle, destrucción del entramado productivo y un castigo letal de los mercados financieros.
El colapso industrial y el caso Fate El impacto de la apertura de importaciones y la presión tributaria en medio de la recesión está aniquilando a las empresas locales. El ejemplo más brutal de esta semana es el cierre definitivo de Fate, la mayor fábrica de neumáticos del país. Tras 80 años de historia, bajó la persiana dejando a 920 familias en la calle. La imposibilidad de competir contra los productos chinos envió una señal de alerta letal: fabricar en Argentina se volvió inviable.
Bolsillo vacío y "superávit" atado con alambre En la calle, la licuación de los ingresos destruyó el consumo, lo que se reflejó en un desplome del 8% interanual en la recaudación impositiva. Además, la "letra chica" del promocionado superávit de $1,1 billones en enero reveló que se sostuvo únicamente por un ingreso extraordinario (la privatización de represas en el Comahue). Sin esa venta excepcional, no hay crecimiento genuino.
El Merval se desploma y la bolsa le da la espalda al oficialismo Para colmo, el Gobierno pierde a su principal aliado: el mercado. El termómetro local, el índice S&P Merval, refleja la desconfianza con una caída brutal: en las últimas semanas acumula un derrumbe cercano al 18%, borrando de un plumazo las ganancias previas y evidenciando la corrida de los inversores.
