A continuación, las claves para entender una de las actuaciones más comentadas del evento deportivo más visto del planeta.
Puerto Rico en el centro de la escena
El espectáculo recorrió imágenes emblemáticas de la vida puertorriqueña: trabajadores rurales, boxeadores, comerciantes, maquilladoras y hasta los recurrentes apagones eléctricos. Esa narrativa extendió el homenaje que Bad Bunny ya había planteado en su álbum DeBÍ TiRAR MáS FOToS (2025), donde reivindica sus raíces y denuncia la gentrificación en la isla.
La “casita” latina
Como en su gira internacional, el escenario incluyó la famosa “casita” del artista, una recreación de un hogar típico puertorriqueño. Allí se reunieron celebridades latinas que han colaborado con él, como Pedro Pascal, Cardi B, Karol G y Luis Fonsi. La imagen funcionó como un retrato de la presencia latina en la cultura estadounidense.

Un homenaje a la vida cotidiana
El show también celebró escenas simples y universales: un niño durmiendo entre sillas, una boda real realizada en pleno Super Bowl y la recreación de La Marqueta, el histórico mercado latino de Harlem. Bad Bunny buscó así elevar lo cotidiano a símbolo de identidad.
Reguetón como raíz
Además de interpretar éxitos como Tití me preguntó, El apagón y NUEVAYoL, el artista incluyó un guiño al reguetón clásico. Sonaron melodías de Don Omar, Daddy Yankee y Tego Calderón, mientras la palabra “perreo” dominaba las pantallas en los momentos más bailables.
Lady Gaga en clave salsera: un gesto de inclusión
Una de las grandes sorpresas fue la aparición de Lady Gaga, quien interpretó una versión salsera de Die with a smile. Fue la única intervención en inglés del espectáculo y reforzó el mensaje de diversidad: en Estados Unidos —parecía decir el show— conviven todas las identidades, incluso una Gaga salsera y un Bad Bunny anfitrión del evento deportivo más importante del país.

Un balón por la unidad
Otro símbolo que llamó la atención fue el balón que Bad Bunny sostuvo en escena, con la frase: “Together, we are America” (“Juntos, somos América”). El gesto se complementó con una intervención en la que, tras decir “Que Dios bendiga a América”, enumeró países de todo el continente, cuestionando la idea de que “América” es sinónimo exclusivo de Estados Unidos.
El mini Bad Bunny
En el tramo final, el artista entregó su Grammy a un niño que muchos confundieron con Liam Ramos, el pequeño ecuatoriano detenido junto a su padre por el ICE en enero. En realidad, se trataba de Lincoln Fox, quien interpretó a Bad Bunny en su infancia. El mensaje era claro: creer en uno mismo, incluso en contextos adversos.

Amor contra odio
“Si estoy aquí, es porque nunca dejé de creer en mí. Tú tampoco debes dejar de creer en ti”, dijo mirando a cámara, en lo que muchos interpretaron como un mensaje directo a los migrantes afectados por las políticas de la administración Trump.
El cierre fue aún más explícito: mientras se rodeaba de artistas y trabajadores latinos, una pancarta proclamó: “La única cosa más poderosa que el odio es el amor”.