Con las altas temperaturas de enero, la aparición de aguavivas (medusas) y tapiocas en las playas de la Costa Atlántica se vuelve un fenómeno recurrente.
Su presencia no es aleatoria; responde a condiciones climáticas específicas: vientos del este/noreste, mar calmo y agua cálida. Al haber más plancton cerca de la orilla, estos animales son arrastrados por las corrientes.
Las especies más frecuentes en nuestras costas son:
Aurelia aurita: Transparente, con picadura leve.
Chrysaora lactea: De coloración blanquecina, con tentáculos largos y mayor poder urticante.
Olindias sambaquiensis: Menos común, pero es la que genera el dolor más intenso.
Si sentís el ardor característico, lo más importante es mantener la calma y seguir estas recomendaciones de los profesionales:
Salir del agua inmediatamente.
No frotar la zona: El roce activa las células (nematocistos) que aún no han liberado el veneno.
Lavar solo con agua de mar: Nunca usar agua dulce, ya que el cambio de salinidad dispara las toxinas.
Aplicar vinagre: El ácido acético neutraliza la descarga de los tentáculos.
Retirar restos: Usar pinzas, guantes o un elemento rígido (como una tarjeta plástica). Nunca usar las manos descubiertas.
Frío local: Aplicar hielo o compresas frías, pero siempre envueltos en un paño para que no toque la piel directamente.
Consultá al guardavidas: Antes de ingresar al mar, verificá si hay presencia de medusas. Los guardavidas son los primeros en detectar los ejemplares en la orilla.
Ojo en la arena: No toques restos de aguavivas muertas o fragmentadas en la orilla; sus tentáculos siguen activos y pueden picar igual.
Uso de cremas: Existen protectores solares específicos que ayudan a repeler el contacto con los tentáculos de las medusas.