La ilusión del descenso sostenido duró lo que tarda en remarcarse una bandeja de carne en el supermercado. En la antesala del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) y del IPC porteño, los relevamientos privados coinciden en que septiembre quebró la racha positiva de agosto para ubicarse nuevamente en torno al 2%.
El rubro de alimentos y bebidas no alcohólicas actuó como el principal motor de la aceleración durante las últimas cuatro semanas. La medición de la Fundación Libertad y Progreso anotó un salto mensual del 3,2% en ese casillero crucial, confirmando que el costo de vida vuelve a presionar sobre los ingresos fijos.
Las consultoras del sector financiero ya corrigieron sus planillas para advertir el rebote. Para Eco Go, el componente estacional sumó tres décimas al registro general del mes pasado, mientras que desde LCG registraron un pico de suba del 1,7% en los bienes básicos solo durante el tramo final del mes.
El impacto en la mesa familiar se sintió con especial dureza en los productos de consumo masivo no sustituibles. Según C&T Asesores Económicos, la suba del 1,9% mensual tuvo su pico en las verduras, que se dispararon un 11%, acompañadas por un repunte del 2,1% en los cortes cárnicos.
En los despachos oficiales prefieren mirar el dato desestacionalizado mientras la calle cuenta cada peso. Con las estimaciones de Analytica clavando un piso del 2%, el gobierno enfrenta la renovada tensión entre sus promesas de desinflación y la realidad de las góndolas.